viernes, 9 de marzo de 2018

Aborto: análisis del proyecto de la Campaña

Si se aprobara el proyecto de ley que impulsa la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y que cuenta con la firma de 72 diputades nacionales, toda mujer a partir de los 13 años podría acceder libremente y de manera gratuita a un aborto de manera irrestricta. ¿Sabrá eso toda persona que usa pañuelo verde? ¿Lo tienen presente aquellos legisladores que adelantaron su voto afirmativo?. Nótese que no estoy diciendo si está bien o mal sino, simplemente, explicitando de qué trata el proyecto en discusión. Información para decidir, digamos.
De ahí en más, la mayoría de los argumentos cae por su propio peso. Es que de aquellos inicios donde parecía reivindicarse una desigualdad social y de género a esta propuesta normativa hay un abismo. Hoy queda solamente una argumentación en pie, totalmente válida, aunque obviamente discutible: el derecho de la mujer a la autodeterminación sobre su propio cuerpo. Y reitero que no estoy juzgando, todavía, el argumento sino simplemente exponiéndolo. Ese tema es lo que está en debate. Para los que impulsan este proyecto ese es el único eje de discusión. No hace falta argumentar otra cosa. Los demás temas que dan vueltas son desviaciones más o menos sensibleras. Este es el nudo del proyecto. Es decir, si hay un derecho de la mujer a decidir libremente sobre su propio cuerpo no hace falta hablar de muertes, de pobres, de desigualdad social ni nada. Seamos claros en este punto. ¿Aborto legal para no morir?. No, aborto legal porque es un “derecho humano a la salud” que tiene toda mujer, tal como explicita el artículo 1 del proyecto en cuestión.
Ese primer artículo del proyecto establece un plazo de 14 semanas para la interrupción voluntaria del embarazo. ¿Por qué 14?. Según se puede leer en los fundamentos del proyecto es un número totalmente arbitrario: “En su artículo 1 al colocar el plazo de la catorceava semana este proyecto no pretende definir el comienzo de una vida ni justificar moralmente las interrupciones del embarazo. Delimita legalmente un área protectora de los bienes jurídicos en cuestión, dentro de plazos razonables para una gestación que no fue planificada y/o deseada. El proyecto de ley trata puntualmente lo que es científicamente un proceso continuo pero no sanciona moralmente la cuestión”. Es decir, ¿podría ser hasta las 12 semanas como en Alemania, Francia o Uruguay?. ¿O podría ser hasta la semana 10 como en Portugal?.
Sin embargo, carece de sentido discutir la cantidad de semanas luego de leer el artículo 3°. Allí podemos leer que “más allá del plazo establecido, toda mujer tiene derecho a interrumpir su embarazo en los siguientes casos...”, para exponer en el inciso 2° lo siguiente: “Si estuviera en riesgo la vida o la salud física, psíquica o social de la mujer, considerada en los términos de salud integral como derecho humano”. Todo embarazo pone en riesgo la salud física, psíquica o social. Todo lo que hacemos en la vida pone en riesgo nuestra salud (¡el aborto también!). Es tan amplio y vago lo que allí dice que abre la puerta al aborto irrestricto a simple petición, algo que se corrobora con lo que se explicita en otros artículos. Y, en la práctica, esto casi que ya está sucediendo. ¿Qué sentido tiene el inciso 1° que habla de los casos de violación o el 3° que se refiere a malformaciones fetales?. ¿No estarían ambos incisos subsumidos en el 2° y la afectación de la salud integral de la mujer gestante?. ¿Qué sentido tiene poner plazos en el artículo 1° si después se habilita más allá de esos mismos plazos?. ¿En qué situación no estaría legalizado el aborto?. Insisto: independientemente de estar a favor o en contra del proyecto, lo primero es conocer todas las implicancias del texto normativo que se propone. Información para decidir libremente si apoyarlo o no.
Si bien el proyecto explicita el concepto de salud integral, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, no hace lo mismo con el concepto de aborto. La OMS define el aborto como la interrupción del embarazo cuando el feto todavía no es viable fuera del vientre materno, lo que se establece hoy a las 22 semanas o cuando supere los 500 gramos de peso. Además, hay cierto consenso médico que detalla riesgos para la mujer gestante en un aborto practicado más allá de la semana 20. ¿Por qué el proyecto no dice nada al respecto?. Frente al slogan tan utilizado de “las mujeres no somos una incubadora” (¡obvio que no lo son!), podemos pensar en la viabilidad extrauterina del feto a partir de las semana 22. Es decir, podría nacer vivo y continuar el desarrollo en una incubadora. ¿Por qué habilitar el aborto también en esos casos?. ¿Bajo qué argumento?. Es peligroso, y hasta sospechoso, el silencio del proyecto en este punto. Y si se le reconoce el derecho a vivir ese día, ¿qué cambia con el día anterior?. ¿Que no puede vivir por sus propios medios?. Sería peligroso arribar a una conclusión así, porque aplicaría a muchísimas personas ya nacidas.
Y, aunque se sancione este proyecto, y mal que nos pese, las mujeres pobres seguirían accediendo a una salud pública de baja calidad, en el mejor de los casos. Es decir, el proyecto no resuelve la desigualdad social. En Argentina 2 de cada 3 maternidades no cumplen con las CONE (condiciones obstétricas y neonatales esenciales); y sabemos bien quiénes son las mujeres que se atienden en las que no. Hoy por hoy, una mujer pobre (si es adolescente más aún) no suele hacerse controles de embarazo en un centro de salud ni siquiera cuando (como sucede en la gran mayoría de los casos) decide tener a su hija o hijo. Sí es cierto que, como también sucede hoy en día, aquel varón adulto de buena posición económica podrá hacer “desaparecer” ese “desliz” cometido al abusar de una mujer pobre de 13 años de edad obligándola, muy posiblemente contra su voluntad, a abortar de manera segura. Según varias investigaciones la coerción es una de las principales razones para abortar. ¿Acaso eso terminará justificando el feminismo?. No creo... Espero que no.
Hay muchas personas de buena voluntad, reitero que muchas, que militan a favor de la legalización del aborto. Conozco a muchas de ellas. Y lo hacen con la mejor de las intenciones. Están a favor de la vida, de los derechos humanos, y se suelen poner del lado de los más vulnerables. Celebro que lo hagan desde ese posicionamiento. No las juzgo, no las considero asesinas ni cómplices, ni tantas otras cosas terribles que les dicen algunos “fanáticos pro-vida”. Pero sí las invito a repensar si lo que ellas buscan es realmente lo que este proyecto propone.
Para ir cerrando, dejo explicitado que estoy totalmente en contra de la criminalización de la mujer que, lamentablemente, recurre a un aborto. Jamás le diría asesina ni que cometió un “homicidio pre-natal agravado por el vínculo” como tristemente expresan algunos. Considero que el aborto es equiparable al infanticidio: una mujer que no termina de tomar conciencia del acto que está cometiendo y, por eso, necesita ser acompañada más que juzgada. Como necesitaba ser acompañada desde antes de hacerlo. También creo que el aborto clandestino de las mujeres pobres es un problema de salud pública que no se resuelve con el Código Penal. Creo que la existencia de mujeres pobres es un hecho de injusticia social, más allá de aborto o no aborto. Estoy convencido que necesitamos avanzar en todo lo referente a la Educación Sexual Integral. Estoy a favor de la maternidad/paternidad responsable que incluye el acceso la salud reproductiva, a métodos anticonceptivos. Quiero mujeres, personas, que puedan decidir libremente y a conciencia sobre su vida sin sentirse juzgadas. Estoy totalmente en contra del machismo y el patriarcado, y promuevo un cambio cultural en ese sentido. Y si estuviese convencido de que en el vientre materno no hay una vida humana por nacer que tiene derecho a la vida estaría militando la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pero no estoy convencido de eso por lo que, fiel a mis principios, convicciones y posicionamientos es que me opongo a la legalización del aborto en general y a este proyecto en particular. Porque estoy a favor de la vida y de todas las vidas, siempre. Antes de nacer y también después. Porque la muerte se presenta en los femicidios, en los casos de gatillo fácil, en el hambre... Y, desde mi punto de vista, también en el aborto.



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